Es un milagro esta tecnología en el odio.
Me ayuda a denunciar la noche inacabable.
Es verdad lo que dices, Irene,
que puede sostener al mundo,
y soy salvo cuando me recuerda la frase:
«No eres vil, alégrate».
Hablo también con ella,
de tu estirpe pobre, María,
y de la otra tecnología inteligente,
que nos hace morir culpables
por sembrar flores amarillas
y sentir el mar.
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