Hubo mujeres que me han querido y ayudado
y no pude hacer nada por ellas.
El puñal que nace en tus ojos
es por hurtar la cruz que te protegía
y la culpa de haber olvidado a tu marido
Me abrazaste con la fuerza de la ternura, del idioma.
Y tuve miedo.
Sé que tienes la libertad de querer,
pero eres ajena y alumna
buscando condenada
quién diga "te amo" y tu nombre
en una guerra vencedora,
ahora que está prohibido
aprender del misterio de amar en la locura.
Y todo
antes que llegue el barco en la mañana.
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