Tengo un unicornio sagrado en mi cuarto.
Sabes muy bien que duerme y no está muerto.
Y lo que te gusta de mí también me destruye,
y me pongo a trabajar y no te dirijo la palabra,
y no escuchas, y es cuando se me escapa la muchacha.
Y pam, pam, y mueve la cola y le gusta.
Sé que si voy a buscarla y escapo, moriremos juntos.
He querido siempre comprender qué buscas,
y es muy tarde y no me atrevo.
Recuerdo lo oscuros que fuimos y la deseo
con todas mis fuerzas,
y me sigue ocultando la verdad.
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